La noche del jaguar (Psy-Changeling #2)(10)

Written By: Nalini Singh



Después de desconectarse de la red, se había prohibido a los psi que mantuviesen contacto con Sascha Duncan. Acercarse a ella sin la autorización del Consejo conllevaba ser enviado automáticamente a rehabilitación; un eufemismo para denominar la lobotomía psíquica que destruía la personalidad y dotes mentales más importantes del psi sometido a ella. Faith conocía lo suficientemente bien su propia valía como para comprender que habría escapado a ese destino, pero no quería que nadie estuviera al tanto de sus acciones. Esa parte de sí misma que sabía que aquello debía quedar en secreto también estaba segura de que encontraría un coche que no estuviera cerrado cerca de una carretera forestal cercana.

Y ahí estaba el coche. Abrió la puerta y se subió a él. A continuación se inclinó hacia delante y extrajo el panel de control para poder piratear la seguridad informatizada. Sus visiones no la habían avisado de que iba a necesitar esos conocimientos; solo era un pasatiempo, algo con que mantenerse ocupada durante las horas que pasaba sola. En consecuencia, era capaz de acceder prácticamente a cualquier sistema informatizado en cuestión de segundos.

Cinco minutos después, el coche era suyo. Centrándose de nuevo en las clases de conducir que había recibido en caso de emergencia, giró hacia la dirección que quería ir y apretó el acelerador. Tenía menos de tres días para encontrar respuestas. Si no estaba de vuelta en el recinto antes de la fecha límite, organizarían una búsqueda a fondo. Tal vez incluso aprovechasen la excusa para intentar hacer trizas sus escudos en la PsiNet.

A fin de cuentas, era un activo que valía un billón de dólares.

El hombre que habitaba en el interior de Vaughn deseó ponerse a proferir improperios, pero el animal se limitó a actuar, corriendo en paralelo al vehículo durante casi cien metros antes de tomar otra dirección. La guarida de Lucas estaba aún a una hora de distancia en coche, pero Vaughn no pensaba arriesgarse. ?Por qué co?o un psi se aventuraría tanto en territorio de los DarkRiver si no era para llegar hasta Sascha? Y sabía que la pelirroja era una psi; había visto sus ojos.

Ojos estrellados. Peque?as chispas blancas contra un fondo puramente negro.

Su poderoso corazón latía con fuerza cuando llegó a su destino. Después de encaminarse hasta el centro de la carretera, se detuvo a esperar. No solo era demasiado veloz para que ella le atropellara, sino que la mayoría de los psi se quedarían tan desconcertados al ver a un jaguar vivo que no podrían hacer otra cosa que parar. Era posible que hubieran intentado aniquilar sus emociones, pero algunas reacciones provenían de la parte más primigenia del ser y esas no podían controlarse. Por mucho que los psi creyeran otra cosa.

Ella dobló la curva con las luces cortas, que no tuvieron demasiado efecto en su visión nocturna. Vaughn la observó. La observó y esperó.

Unos ojos feroces brillaron en la oscuridad. Sin tiempo para pensar, Faith pisó el freno y paró en seco. El enorme felino que tenía enfrente no se movió, no reaccionó como debería de haber hecho un animal. A pesar de haberlo planeado todo de forma tan minuciosa, no estaba preparada para la peligrosa realidad de enfrentarse cara a cara con un leopardo, de modo que se quedó sentada dentro del coche, aferrada al volante.

El leopardo pareció impacientarse al ver que ella no hacía nada. Después de aproximarse sigilosamente al coche, se subió de un salto al capó y ella tuvo que esforzarse para no reaccionar. Era un animal grande y pesado. El capó del vehículo se fue combando poco a poco bajo aquellas poderosas zarpas. Luego le mostró las fauces a través del parabrisas.

Quería que ella saliera.

Faith sabía sin la menor sombra de duda que no había modo de que la dejara avanzar un solo metro más por la carretera. Aunque nunca antes se había encontrado con un cambiante, todo su ser le decía que estaba en presencia de uno de ellos. ?Y si se equivocaba?

Como no vio otra forma lógica de proceder, apagó el motor, cogió la mochila y abrió la puerta. El felino se plantó frente a ella mientras Faith se quedaba petrificada junto al vehículo, dándose cuenta demasiado tarde de su ignorancia en lo relativo al protocolo que regía el contacto entre especies. Nadie le había ense?ado cómo hablar con los cambiantes. Ni siquiera sabía si se comunicaban como el resto de las razas racionales.

—?Hola? —probó.

El felino se apretó contra su pierna, instándola con suavidad a que se alejara del coche hasta que la tuvo sola en la negra carretera. Entonces aquella criatura de gran tama?o y extremadamente peligrosa se movió en círculos a su alrededor.

—Hola —lo intentó de nuevo. Una llamada mental cauta y sumamente cortés, algo que se consideraba aceptable en circunstancias apremiantes.

El animal levantó la cabeza y le gru?ó, sus dientes centelleaban aun a pesar de la densa oscuridad que lo envolvía todo. Faith dio un paso atrás de inmediato. El felino se había percatado de lo que ella había hecho y no le había gustado nada aquel intento de conectar con su mente. Alguien le había ense?ado a protegerse más allá de las barreras naturales. Y solo había una persona que podría haberlo hecho.